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lunes, 3 de mayo de 2010

Clos Dominic y el corazón del Priorat

Este fin de semana ha sido especial para nosotros, nos hemos acercado a la provincia de Tarragona, en concreto al municipio de Porrera, en el corazón del Priorat. Allí hemos disfrutado de la naturaleza y de un paisaje inigualable, capaz de concentrarse en los fabulosos vinos que hemos probado y seña de identidad de las gentes que lo habitan.

Nuestra primera visita, tras ocupar las habitaciones del precioso hotel 'Els Pampols' en Porrera (que recomiendo encarecidamente y no hagáis caso de la web que le falta un poco de vistosidad), fue visitar a Clos Dominic, y allí estaba Dominic y Paco, que nos llevaron a visitar sus dominios, muy cerquita de Porrera de camino al paraje de la Garranxa y bordeando en rio llegamos a la finca, que buscando la solana, combina las viñas nuevas en espaldera en la zona baja, con las viñas viejas en 'els costers' (en la falda de la montaña) fundamentalmente de cariñenas.

La dureza del terreno hace que las producciones sean escasas pero de una calidad extrema, pues como luego pudimos comprobar catando los vinos que elaboran, las diferencias entre las zonas hacen que cambie totalmente cada uno de ellos.

Tras visitar la finca y de vuelta a Porrera, vimos la antigua casa Pairal  (expresión Catalana. Casa solariega, casa de los padres o de los antepasados) que destinan a su bodega, una casa al lado del río en la que accedemos a la sala de vinificación, y que en su sótano, con los típicos arcos de sujección de la casa, se encuentra la sala de barricas, en la que descansan los caldos que son vinificados usando levaduras propias sin usar ningún producto químico, los vinos Vinyes Baixes, Vinyes Altes y Clos Petó.


El primer vino que catamos fué Vinyes Baixes 2006, un vino mayoritariamente de Merlot y Cabernet Sauvignon, de las vinyas que están en terreno plano y de 10 a 11 años de antigüedad. Observamos un color picota oscuro con borde granate.en nariz aromas complejos y persistentes a frutos rojos y tostados de madera, aromas balsámicos y al final algún toque mineral. En boca, potente, pero con un paso de boca muy equilibrado y con buena estructura; es un vino carnoso, con taninos suaves y buena acidez. 

Clos Petó 2007, elaborado con Cabernet Sauvignon (en más del 50%), Garnacha y Cariñena, fue el segundo vino que catamos, dicen que es el pequeño de la gama, pero a mi me sorprendió enormemente, de color cereza picota bastante intenso, ribete morado con llamativa lágrima, en nariz predominan los frutos rojos sobremadurados con un fino aroma a madera, se aprecian notas florales y un leve recuerdo mineral. En boca tiene una entrada suave y elegante, acidez correcta y bien equilibrado, sedosos taninos bien integrados, su final grato y largo con buena persistencia. 

Vinyes Altes 2007, fué el vino que colmó la tarde, un vino elaborado con Cariñenas y Garnachas de viñas viejas en la ladera de la montaña, con un rendimiento menor de 1 kg. por cepa, un vino de profunda expresión mu y brillante, de potentes aromas a frutos rojos y negros maduros, en boca muy potente y con un punto de acidez agradable, muy complejo en boca, con toques minerales, tostados, especiado y muy balsámico, ideal para ocasiones especiales y para quedar estupendamente con tus invitados. Un vino elaborado para gustar a todo el mundo, incluso a aquellos que no sepan apreciar diferencias técnicas comprobarán que es un magnífico vino.
 
Claro que todo esta magia no sería posible sin el 'terruño' sobre el que sobreviven estas plantas, la labor en el campo, en donde se miman las plantas prácticamente una a una, el clima, la elaboración totalmente artesanal, la crianza sin prisas y el arte de Dominic y Paco para transmitirte en el vino su carácter y su amor por hacer bien las cosas, viven de y para el vino que elaboran y con la esperanza de que se superen cada vez más con estos fabulosos vinos. Gracias por vuestra hospitalidad.

lunes, 26 de abril de 2010

Naturaleza y vino: Bodegas Emilio Clemente

En el término de Requena (Valencia) he podido disfrutar del silencio y la naturaleza, así como de una bodega dotada con la tecnología vinícola más avanzada y un edificio de estilo modernista rural muy cuidadado y sorprendente y bonita decoración.

Me atendión amablemente Cristina, la enóloga de la bodega, que me fué mostrando y explicando cada uno de los elementos de la bodega, así como el enclave en el que está situada. Para empezar la finca está en el denominado cerro de San Blas, siendo su disposición en pendiente hacia el río Magro y divisando el valle que conforma su lecho.

La primera impresión que se tiene al visitar esta bodega es de silencio y de paz, como si acabaras de traspasar la frontera y entraras en un mundo nuevo creado para despertar todos tus sentidos. Las vistas son espectaculares, en ningún momento nada rompe la sensación de tranquilidad que se respira. Rodeado de árboles, incluso con palomas y ardillas, el decorado es perfecto para centrarte en la visita y disfrutar del recorrido como yo lo he vivido.

Tras ver la tolva y despalilladora exterior, descendemos un nivel y traspasamos una puerta perfectamente restaurada y que debió ser de un almacen de principios del siglo pasado, a una nave de porte moderno que esconde en su interior los depósitos de acero inoxidable, la prensadora neumática, bomba de remontado peristáltica, depósitos de vinificación horizontales rotativos, circuitos de refrigeración por agua, ... y todo ello controlado por un panel industrial que nos da el control sobre la instalación.



La nave dispone de un segundo nivel al que por gravedad se traspasan los mostos tintos  fermentados alcoholicamente para realizar la fermentación maloláctica. Existen otros depósitos donde se almacenan los mostos de prensa dedicados a otros menesteres, principalmente para destilados.

Una de las zonas de la bodega con mayor explosión de sensaciones es visitar la sala de barricas, una sala acondicionada para mantener la temperatura y humedad constante, compuesta por 400 barricas de roble francés, tamaño bordelés,  de distintas tonelerías, con una antiguedad de no más de 4 años, reposan los vinos que se destinan a crianzas y reservas. Las sensaciones aromáticas son difíciles de describir, pero os aseguro que embriagan de una manera que no desearías salir de la nave por su suntuosidad olfativa.

El resto de la bodega tiene su embotelladora, sala de almacen de botellas y sala para limpiado de barricas y otros.


El encanto de esta bodega es visitar el edificio de tipo modernista rural que alberga en su interior una escrupulosa restauración, combinando la decoración de la época con un estilo actual y moderno nada agresivo y sin contrastes bruscos, que da un toque de buen gusto y modernidad a las estancias de la casa. Las estancias son variadas, disponiendos de habitaciones con cama y aseos, sala de reuniones, comedor, despachos, ... todo ello perfectamente integrado con el diseñode la casa y dándole un aspecto acogedor y encantador.

El resto de la casa tiene dos patios, uno original y otro restaurado, la parte superior es vivienda particular y hemos estado en la tienda y sala de catas, también muy original y con decoración en las barricas, así como una colección de sacacorchos en las vitrinas estupenda.

Respecto a los vinos deciros que queda pendiente su cata, ya que no quería alargar más la visita y tengo los tres en casa para degustarlos y escribir sobre ellos con más calma. Tengo que confesaros que alguno ya lo he probado antes de visitarles, pero que en cuanto los aclimate y reposen, tras el zarandeo del viaje, os daré buena cuenta de ellos.

Todo un placer para mis sentidos en esta visita y si además te acompaña una gran experta y conocedora de vinos como Cristina, aún el disfrute es mayor. Os pongo las fotos en plan 'diapo' para que las disfrutéis como yo lo he hecho.

domingo, 14 de marzo de 2010

Huyendo de la 'quema'

Como ya es evidente e impepinable entramos en la semana fallera por excelencia, con lo que toca mentalizarse con el ruído, el gentío, el olor a pólvora y aceite de los buñuelos... en fin una semana estrepitosa.

Como esta claro que las molestias provocadas por los cortes de calles, debido a los monumentos, las carpas festivas, los pasacalles, etc... hemos de poner buena cara y disfrutar lo que se pueda de la fiesta. Uno ya lleva casi 40 años de fallas a su espalda y se ha cansado de esto, por lo que hemos decidido pasar el día cerca del mar y rodeados de naturaleza.

El día ha sido frío, pero como era soleado hemos disfrutado de un paseo por la playa, comido en un ambiente tranquilo y disfrutado de una puesta de sol en las playas de Moraira.

Os adjunto unas fotos para que disfrutéis de las vistas que nos ha brindado hoy el día para que os limpien la vista del caos urbano.