domingo, 21 de noviembre de 2010

La Manchuela Conquense

El pasado fin de semana estuvimos de nuevo en la casa de agroturismo Señorío de Monterruíz, en la manchuela conquense. La verdad es que echábamos de menos vivir el ambiente rural que ya habíamos disfrutado en un par de ocasiones, ideal para el descanso y relax de adultos y entretenido y diferente para los niños.

En este caso nos acompañaba una familia amiga que tenía ilusión por compartir este lujo tan extraordinario como es estar exento de cualquier estrés y rutina urbana, de la que desafortunadamente no podemos renunciar los que vivimos en la ciudad.


La jornada empezó el sábado por la mañana con un poco de cultura agrícola, preparamos la tierra para plantar semillas de habas y guisantes, con el fin de que a finales de Marzo ya empiezen a brotar las plantas que posteriormente tendrán como fruto estas leguminosas tan tiernas y necesarias para una buena dieta mediterránea.


Tras la trabajosa mañana y que los críos dieron de comer a los animales del corral, junto a la chimenea con unos troncos de viejas cepas y pies de olivos, que se encendieron con unos buenos sarmientos, dimos cuenta de un arroz de pollo y pichón de corral que terminó de cocerse al fuego vivo de sarmientos. Fué una espectacular comida de la que poco sobró y que regamos con un vino que Paco, uno de los propietarios, elabora con tinajas de barro de la variedad Airén, vino blanco con muchos aromas a plátano y frutas tropicales, que aún sin filtrar y embotellar disfrutamos de lo lindo con esta comida.


Tras la comida hicimos un fastuoso paseo por las otoñales viñas de la zona, para después retirarnos en torno a la lumbre de la chimenea a pasar una tarde de relax y conversación entre amigos. Los niños no dejaron de jugar en el patio, a las cartas, al ajedrez... un gran momento para ellos donde olvidaron a Bob Esponja y sus secuaces y donde las videoconsolas no tenían cabida. La jornada terminó con la cena de dos grandes 'pizzas' elaboradas por mí y cocidas en un horno de leña con ascuas arrimadas que nos dejó en el mejor momento para, tras una breve tertulia, irnos a descansar al calor de la chimenea.


La sorpresa la tuvimos al día siguiente, un días bastante desapacible pero que tras desayunar nos fuímos a acompañar en el almuerzo a los cazadores que disfrutan de un buen coto de caza en la zona. Mientras estos venían fuímos preparando los víveres y un buen fuego de sarmientos para poder asar unos níscalos o rebollones, chuletas de cordero, panceta, chistorra y una caldereta de espárragos trigueros en revuelto con unos huevos de corral.


Regado con el vino blanco que disfrutamos en la comida de ayer y con un tinto de cepas viejas, fuímos dando cuenta del almuerzo, en realidad nos juntamos unas 12 personas que comímos y disfrutamos de la mañana como nunca. La caza no había sido muy provechosa (sólo cazaron 4 ó 5 conejos de monte), pero el almuerzo bien valía una parada para reponer fuerzas.


Volvimos a la casa para hacer tiempo y degustar un buen caldero de Gazpachos Manchegos de los que tuvimos que hacer gran esfuerzo, pues el almuerzo había calmado nuestro apetito, que regamos con un par de vinos, un Cabernet Sauvignon y un Bobal de cepas viejas que nos pusieron a tono con el día que habíamos disfrutado. Al final gran paseo para rebajar y recogimiento y vuelta a casa, la cruda realidad.


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